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Vieraskieliset / en espanol

El Ma­yor en el Rei­no de Dios

Vieraskieliset / en espanol
20.11.2013 8.22

Jesús hab­ía hab­la­do a Sus discí­pu­los sob­re el duro ca­mi­no de suf­ri­mien­to al que se enf­ren­tar­ía, por la pri­me­ra vez. Él ten­ía que ir a Je­ru­salén para suf­rir muc­ho en ma­nos de los an­ci­a­nos de la na­ción, los su­mos sa­cer­do­tes, y los esc­ri­bas. Él tendr­ía que mo­rir, pero al ter­cer día, Él se le­van­tar­ía de la mu­er­te. El dis­cur­so de Jesús ent­ris­te­ció a los discí­pu­los. Pa­re­cie­ra un poco ext­ra­ño, que poco des­pués de es­to, los discí­pu­los co­men­za­ron a pre­gun­tar­le a Jesús, “Qui­en es el ma­yor en el rei­no de los cie­los?”

El homb­re es am­bi­ci­o­so y egoís­ta. Él qui­e­re ser al­gui­en im­por­tan­te y lu­cir me­jor an­te los demás. Es­to fue cla­ra­men­te evi­den­te ent­re los doce discí­pu­los que Jesús es­co­gió. De el­los, Ped­ro, San­ti­a­go, y Juan eran los más cer­ca­nos a Jesús. Fu­e­ron el­los qui­e­nes es­tu­vie­ron jun­to a Él, un poco an­tes, en el Mon­te de la Trans­fi­gu­ra­ción. Pero ni si­qui­e­ra es­to con­ven­ció que es­tos tres, o uno de el­los, sea el me­jor y más im­por­tan­te de los discí­pu­los. Es­ta es la razón por la cual le pre­gun­ta­ron di­rec­ta­men­te a Jesús.

Un Niño como un Ejemp­lo

Jesús res­pon­dió a la pre­gun­ta de los discí­pu­los con una lec­ción ilust­ra­ti­va y me­mo­rab­le. Le pi­dió a un niño ve­nir al me­dio del grupo y dijo, “De cier­to os digo, que si no os volv­éis y os hac­éis como ni­ños, no ent­rar­éis en el rei­no de los cie­los.”

Los discí­pu­los dis­cu­tie­ron las po­si­ci­o­nes más al­tas en el Rei­no de Dios y se hab­ían ol­vi­da­do como una per­so­na es pre­ser­va­da en es­te rei­no y algún día al­can­za el cie­lo. Es­to nos es muy fa­mi­li­ar tam­bién para no­sot­ros, los hi­jos de Dios de es­tos tiem­pos. Es­ta es la razón por la cual es ne­ce­sa­rio ad­ver­tir que en el Rei­no de Dios, so­la­men­te hay vi­a­je­ros en el ca­mi­no est­rec­ho, qui­e­nes creen de la gra­cia.

Jesús no pre­ten­de que los crey­en­tes de­ben ser in­fan­ti­les, pero que el­los ten­gan la men­ta­li­dad ino­cen­te que ca­rac­te­ri­za a un niño. Un niño conf­ía y en­cu­ent­ra se­gu­ri­dad en sus pad­res, acep­ta el cui­da­do, el amor, el ca­ri­ño, y la pro­tec­ción la cual re­ci­be de sus pad­res y ot­ras per­so­nas cer­ca­nas a el. Según la en­se­ñan­za de Jesús, un niño es un ejemp­lo de una per­so­na crey­en­te, inc­lu­so en nu­est­ro tiem­po. Él dijo, “De­jad a los ni­ños ve­nir a mí, y no se lo im­pid­áis; por­que de los ta­les es el rei­no de Dios” (Mar­cos 10:14).

Un Niño es el Ma­yor en el Rei­no de Dios

Jesús con­ti­nuó su lec­ción: “Así que, cu­al­qui­e­ra que se hu­mil­le como es­te niño, ése es el ma­yor en el rei­no de los cie­los.” Vol­ver­se el ma­yor en el Rei­no de Dios sig­ni­fi­ca pe­qu­e­ñez y hu­mil­dad.

En los tiem­pos de Jesús, los jud­íos eran co­no­ci­dos por­que el­los pre­sen­ta­ban sus pro­pi­as vir­tu­des y ta­len­tos jo­co­sa­men­te y to­man gran or­gul­lo en las mis­mas. Los grie­gos, en cam­bio, desp­re­ci­a­ban la hu­mil­dad. Jesús int­ro­du­jo al­go comp­le­ta­men­te nu­e­vo: una per­so­na no debe tra­tar de ser gran­de, sino que de­ber­ía bus­car el lu­gar de un niño! La ino­cen­cia in­fan­til de un adul­to es un mis­te­rio que per­te­ne­ce al Rei­no de Dios. los pen­sa­mien­tos de Dios en es­tos asun­tos son tan le­ja­nos de los pen­sa­mien­tos hu­ma­nos, como lo es el cie­lo de la tier­ra.

“Y cu­al­qui­e­ra que re­ci­ba en mi nomb­re a un niño como es­te, a mí me re­ci­be” (Mat. 18:5). No­sot­ros no siemp­re con­si­de­ra­mos cuán im­por­tan­te es el asun­to en cu­es­tión, por ejemp­lo, el cui­da­do de un niño pe­qu­e­ño. Cu­an­do re­ci­bi­mos a un niño en el nomb­re de Jesús, al mis­mo tiem­po es­ta­mos re­ci­bien­do el me­jor ami­go de ni­ños, el Se­ñor Jesús.

El Jui­cio de la Pied­ra del Mo­li­no

En­ga­ñar y ten­tar a una per­so­na ino­cen­te en el pe­ca­do es un asun­to se­rio. Jesús dijo, “Y cu­al­qui­e­ra que haga tro­pe­zar a al­gu­no de es­tos pe­qu­e­ños que creen en mí, me­jor le fu­e­ra que se le col­ga­se al cu­el­lo una pied­ra de mo­li­no de as­no, y que se le hun­die­se en lo pro­fun­do del mar” (Mat. 18:6). Es­to es para que el in­ci­ta­dor ya no siga ten­tan­do y en­ga­ñan­do a los ni­ños y a los ino­cen­tes a que sal­gan fu­e­ra del Rei­no de Dios.

Hijo de Dios, inc­lu­so aho­ra pu­e­des sen­tir­te ju­bi­lo­so. Dios siemp­re cui­da de los Su­yos, inc­lu­so en me­dio de es­tos tiem­pos lle­nos de tan­to en­ga­ño. No­sot­ros hi­jos de Dios te­ne­mos nu­est­ro pro­pio Ángel de la gu­ar­da, qui­en nos pro­te­ge to­dos los días de nu­est­ras vi­das (Sal­mos 34:7). El perdón de to­dos los pe­ca­dos en el nomb­re y la sang­re ex­pi­a­to­ria de nu­est­ro Sal­va­dor, to­dav­ía re­su­e­na des­de el Rei­no de Dios. Aqu­el qui­en se hu­mil­la para ser como un niño ino­cen­te, es­te he­re­da­ra el Rei­no de Dios.

Tex­to: Os­vald Carl­son

Pub­li­ca­do: Sii­o­nin Lä­he­tys­leh­ti 10/2001

Tra­duc­ción: Du­a­ne Pir­ness, Na­ta­lie Nis­ka­nen

Teks­tis­sä kä­si­tel­lään seu­raa­via raa­ma­tun­koh­tia: Matt. 18:1–6

Jul­kais­tu es­pan­jan­kie­li­ses­sä kie­li­liit­tees­sä 11/2013.

29.2.2020

Jee­sus sa­noo: "Koot­kaa it­sel­len­ne aar­tei­ta tai­vaa­seen. Siel­lä ei koi ei­kä ruos­te tee tu­ho­jaan ei­vät­kä var­kaat mur­tau­du si­sään ja va­ras­ta. Mis­sä on aar­tee­si, siel­lä on myös sy­dä­me­si." Matt. 6:20-21

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