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Vieraskieliset / en espanol

El espí­ri­tu uni­fi­ca a los crey­en­tes

Siionin Lähetyslehti
Vieraskieliset / en espanol
26.9.2018 15.54

Juttua muokattu:

31.12. 09:28
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Hace poco tiem­po una per­so­na con la Bib­lia en su mano me de­tu­vo en la cal­le. Me pi­dió si pu­e­da con­tar­me sob­re su fe. Le es­cuché, y le tuve que de­cir que su con­cep­ción de la fe me pa­rec­ía aje­na. No se me ocur­r­ían ar­gu­men­tos de la Bib­lia para sus ide­as de la fe. Al con­ver­sar me sent­ía que no ten­ía­mos la in­ter­re­la­ción de la fe cre­a­da por el Espí­ri­tu San­to ent­re no­sot­ros, ni una comp­ren­sión mu­tua sob­re la base de la fe. Le mostré al­gu­nas par­tes de la Bib­lia, y con el­las le conté como mis­mo creo.

Una fe y una comp­ren­sión

Según la Bib­lia, el Espí­ri­tu San­to les re­co­ge a los hi­jos de Dios en la tier­ra para ser una ig­le­sia de Dios. Esa ig­le­sia tie­ne una comp­ren­sión de la fe mu­tua e idén­ti­ca. En la con­fe­sión de la fe apostó­li­ca con­fe­sa­mos que cree­mos en “la Ig­le­sia, que es una, san­ta, uni­ver­sal “ y en “ la co­mu­nión de los san­tos “. El re­for­ma­dor re­li­gi­o­so, Mar­tin Lu­te­ro exp­li­ca la con­fe­sión de la fe como si­gue: “Creo que exis­te en la tier­ra un san­to grupo pe­qu­e­ño o una co­mu­ni­dad san­ta com­pu­es­ta de pu­ros san­tos, bajo una ca­be­za que es Cris­to. Es con­vo­ca­da por el Espí­ri­tu San­to, en una mis­ma fe, sen­ti­do, y en­ten­di­mien­to. Po­see do­nes di­fe­ren­tes, pero aun así, está uni­do en el amor, sin sec­tas, ni di­vi­si­o­nes. “

A la es­cuc­ha de la pa­lab­ra se llega en la co­mu­ni­dad de los san­tos

Le of­recí el perdón de los pe­ca­dos a la per­so­na con qui­en me en­contré en la cal­le, pero no lo qui­so re­ci­bir. Según esa per­so­na, no se ne­ce­si­ta el perdón para te­ner la fe. De to­dos mo­dos, en la Bib­lia se dice que la fe es jus­ta­men­te por oír el evan­ge­lio (Ro­ma­nos 10.16-17).

Lu­te­ro exp­li­ca es­to así: “No­sot­ros nun­ca podr­ía­mos re­ci­bir nin­gu­na in­for­ma­ción sob­re el Cris­to ni creer en El ni te­ner­le como nu­est­ro Se­ñor, si el Espí­ri­tu san­to no nos lo of­re­cer­ía por el sermón del evan­ge­lio. -- A la es­cuc­ha de la pa­lab­ra se em­pie­za la lle­ga­da en la co­mu­ni­dad de los san­tos. “

Cu­an­do el Espí­ri­tu San­to le guía a una per­so­na a la co­mu­nión de los san­tos por me­dio del ar­re­pen­ti­mien­to, Él llega a ser su ma­est­ro (Juan 14.26, 1.Cor 2.9-10).

El Espí­ri­tu San­to les da a los hi­jos de Dios una comp­re­sión uná­ni­me de cómo una per­so­na llega a ser un hijo de Dios y cómo se man­tie­ne en ese am­pa­ro.

El espí­ri­tu da tes­ti­mo­nio

La in­ter­re­la­ción ent­re los san­tos es al­go que un ser hu­ma­no no pu­e­de ver con sus ojos tem­po­ra­les. Sin em­bar­go, una per­so­na crey­en­te que ha re­ci­bi­do la gra­cia de ar­re­pen­ti­mien­to pu­e­de ver el rei­no de Dios por la fe (Lu­cas 17.21, Juan 3.3).

Pab­lo esc­ri­be: “El Espí­ri­tu mis­mo da tes­ti­mo­nio a nu­est­ro espí­ri­tu, de que so­mos hi­jos de Dios “ (Ro­ma­nos 8.16).

Pab­lo de­most­ra­ba la in­ter­re­la­ción ent­re los hi­jos de Dios y el Cris­to al esc­ri­bir sob­re el cu­er­po y sus miemb­ros. “Por un solo Espí­ri­tu fui­mos to­dos bau­ti­za­dos en un cu­er­po “ (1. Cor. 12.13). Cris­to es ca­be­za de la ig­le­sia, la cual es su cu­er­po, y él es su Sal­va­dor (Ef. 5.23).

Cui­da­do de la in­ter­re­la­ción en el Espí­ri­tu

El pe­ca­do, el ene­mi­go de la al­ma y el mun­do in­ten­tan rom­per la in­ter­re­la­ción que el Espí­ri­tu crea.

La Bib­lia les acon­se­ja a los hi­jos de Dios el cui­dar y el ve­lar por es­ta in­ter­re­la­ción, y el amor mu­tuo: “Yo pues, preso en el Se­ñor, os ru­e­go que and­éis como es dig­no de la vo­ca­ción con que fuis­teis lla­ma­dos, con toda hu­mil­dad y man­se­dumb­re, so­portán­do­se con pa­cien­cia los unos a los ot­ros en amor, solí­ci­tos en gu­ar­dar la uni­dad del Espí­ri­tu en el vínculo de la paz “ (Ef. 4.1-3).

La in­ter­re­la­ción ent­re los san­tos se re­a­li­za comp­le­to el día en que el Cris­to vie­ne por su se­gun­da vez. Ese día su ig­le­sia se pre­sen­tará trans­fi­gu­ra­da y ju­bi­lo­sa (Doct­ri­na Cris­ti­a­na 50).

Es­pe­ran­do aqu­el día, vi­a­ja­mos en la in­ter­re­la­ción de los san­tos con la fu­er­za del evan­ge­lio del perdón de los pe­ca­dos.

Tex­to: Pek­ka Ait­ta­kum­pu

Tra­duc­ción: L.S.

Jul­kais­tu es­pan­jan­kie­li­ses­sä nu­me­ros­sa 22.8.2018

4.12.2020

Si­nun puo­lee­si, Her­ra, minä kään­nyn. Ju­ma­la­ni, si­nun apuu­si minä luo­tan.

En­hän luo­ta tur­haan, et­hän an­na vi­hol­li­sil­le­ni sitä rie­mua, et­tä he voit­ta­vat mi­nut! Ps. 25:1–2

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